Narrativa y ficción
La piel desnuda de quienes buscan su norte en la herida
RESET. La novela de Diego Valenzuela.
Hay libros que te llegan no por lo que gritan, sino por lo que susurran. Reset, la novela de Diego Valenzuela, es de esos. Te invita a un viaje sin pretensiones, a mirar de cerca cómo el alma se agrieta y, en ese mismo quiebre, encuentra un camino insospechado. Si sientes la llamada de una historia que te sumerge en la intimidad más cruda, que te convoca a sentir sin juicios, esta es tu lectura.
Desde el primer respiro de sus páginas, el texto te abre una puerta a la vulnerabilidad. El narrador, con una voz que se siente tan real como el aliento propio, nos confía el eco de un trauma temprano. No es una experiencia lejana; es ese desajuste que se clava en la memoria y reorganiza el cuerpo, la relación con el deseo, con el mundo. ¿Quién no ha sentido alguna vez el "no ser igual que antes"? En esa pregunta habita la novela, en el anhelo de un "reset" que se escapa, en la soledad que a veces se vuelve piel.
Lo que conmueve de Valenzuela es su honestidad, la forma en que permite que sus personajes se muestren sin corazas, con todas sus imperfecciones y temores. No hay redención fácil ni moralinas; solo almas que, en su búsqueda desesperada, transitan por las adicciones como un intento –a veces fallido– de encontrar estímulos, de sentir, de evadir el silencio que acuna más que el ruido. Aquí, el cuerpo no es un terreno de conquista, sino de experiencia cruda: se lastima, se expone, se desea sin pedir permiso. La novela no lo esconde, lo habita.
Y en esa intimidad, Reset teje un tapiz de identidades y afectos que desbordan lo normativo. La mirada no se detiene en lo esperable.
¿Qué pasa cuando una amistad se vuelve el sostén más íntimo, la familia elegida en medio del caos?
Entre estos personajes –el narrador, Cloe, Rabit, Sefa, Thomas, Luciano– se construye una red de cuidado que escapa a los guiones tradicionales. La novela nos permite observar cómo las masculinidades se desarman, se muestran frágiles, buscan ternura y afecto sin necesidad de etiquetas, cuestionando esas jerarquías tácitas de cómo debe ser un hombre o una relación. El texto no celebra, pero tampoco esconde las violencias normalizadas, las tensiones sexuales que oscilan entre el placer y el roce con el límite. No hay una "violencia de género" nombrada, pero sí la sensación de una opresión latente que se filtra en los silencios, en los gestos, en la normalización de lo que "nadie se sorprende".
La novela nos ancla, además, en una realidad tangible, en las preguntas socio-políticas y socio-económicas que bullen en el Chile reciente. La "casa okupa" no es solo un refugio; es una forma de resistencia, un lugar donde las reglas se desdibujan, un espacio que, a su manera, grita contra lo establecido. Las alusiones al "Estallido", a las marchas, a la represión, a la conversación sobre los "comunistas" y el saqueo, sitúan a los personajes en un Santiago que arde, que se polariza. La novela nos fuerza a preguntarnos: ¿qué siente una cuerpa en Plaza Dignidad y qué siente una cuerpa en Vitacura en medio de este torbellino? Las experiencias de estos personajes, sus ansiedades y sus búsquedas, están impregnadas de las desigualdades y las tensiones que atraviesan la sociedad. Las mujeres están, se mueven, hablan, pero el texto nos invita a preguntarnos si realmente deciden, si su voz tiene el mismo peso. Esa es una de las ausencias que resuenan más fuerte, la historia no contada que nos llama a reflexionar.
La música es un personaje más en esta sinfonía de la vulnerabilidad. Las canciones que suenan –desde la intimidad de Cerati hasta la épica de Led Zeppelin, desde la vibración de RuPaul hasta la conmovedora "Solo le pido a Dios" de la Negra Sosa– no son un simple telón de fondo; son el pulso que acompaña cada revelación, cada huida, cada instante de quietud. Te aseguro que te llevarás esas melodías en el alma.
Reset es una invitación a la empatía, a mirarnos en los quiebres del otro, a entender que la belleza reside en la honestidad de las imperfecciones y en la profunda humanidad que emana de cada página. Es un libro para quienes se atreven a sentir, a cuestionar normalidades y silencios, a desandar sus propias memorias y a abrazar la complejidad de lo que significa ser, aquí y ahora. Si buscas una historia que te haga más presente, más sensible al mundo que habitas, no dudes en abrir sus páginas. Permite que Reset te reconfigure, te remueva, te recuerde que en la búsqueda constante, reside la verdadera belleza de la existencia.
Diego Arriagada Mena. Colectivo Mar y Cueca. Chile